Los pescadores y balleneros de la isla de Hokkaido, en el norte de Japón, hablaban desde hacía años de la existencia de unas pequeñas y misteriosas ballenas de color negro, a las que denominaban karasu (cuervo, en japonés). Esta fue una de las pistas que llevó a un equipo científico liderado por expertos de la Universidad de Hokkaido a revisar la bibliografía existente al respecto, estudiar los restos de diversos cetáceos encontrados en la zona y buscar nuevas pistas.
Los resultados de la investigación confirman el tópico de que los mares y océanos de nuestro planeta esconden todavía muchos secretos, en este caso en forma de una especie de cetáceo desconocida hasta ahora para los humanos en 2019.
Los autores del trabajo publican en el último número de la revista Scientific Reports un artículo mostrando los detalles del descubrimiento de la nueva especie, que ha recibido la denominación científica de Berardius minimus; por pertenecer al género Berardius -cetáceos odontocetos de la familia de los zifios, de los que hasta ahora sólo se habían descrito dos especies- y por ser de pequeño tamaño (entre 6,1 y 6,9 metros de longitud) en relación con sus congéneres de la especie Berardius bairdii (zifio de Baird), que pueden alcanzar los 10 metros.

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